La domótica está pensada para hacer el día a día de los usuarios mucho más fácil y cómodo. En sus inicios se enfocaba sobre todo al ahorro energético y, con la llegada de internet, avanzó en la seguridad y las comunicaciones de los edificios. También ha desarrollado la vivienda y el edificio adaptados a personas con discapacidad o movilidad reducida, haciéndolas más independientes y mejorando su calidad de vida.
Desde el inicio del proyecto
Al principio no se hacían diseños conjuntos que integraran domótica y arquitectura. Todo un error: los dispositivos inteligentes funcionan mucho mejor cuando se incorporan a la estructura de la vivienda, y para eso lo más productivo es unir las dos disciplinas y plantear las necesidades de ambas desde el primer día.
Arquitecto e integrador, juntos
Sentar a un arquitecto y a un integrador desde el comienzo de la obra trae ventajas. Introducir la domótica en un diseño arquitectónico no suele suponer una gran inversión, y se recupera rápido. El equipo gana una imagen que lo distingue de su competencia directa, como una alianza innovadora que apuesta por la tecnología y el futuro. Y, además de reforzar la marca, se consigue un mejor rendimiento.
Menos consumo, instalación más sencilla
Con la domótica, el consumo energético se reduce como mínimo un 20 %. Los dispositivos están conectados entre sí, así que los esquemas de diseño son más sencillos y se reduce el coste de planificación y de instalación. Con tecnología inalámbrica puede integrarse en cualquier lugar sin grandes reformas, y el sistema se actualiza o amplía fácilmente.
Pero todas estas ventajas tienen un único destinatario: la persona que cada día va a convivir con esta tecnología en su casa o en su trabajo. Un sistema domótico abre un abanico de posibilidades que una instalación eléctrica tradicional no ofrece.
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